NUESTRA VISIÓN

...que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

(UNESCO, 1982: Declaración de México)

 

La convivencia de distintas culturas es una tónica en nuestra historia como humanidad. Parte de lo que estudiamos en el colegio como la Historia Universal trata de gente moviéndose por el mundo: desde las antiguas historias de la Biblia, las conquistas, guerras, cruzadas, hasta nuestros actuales movimientos migratorios.

 

Siempre ha habido la convivencia de culturas distintas, porque aunque no se trate de convivencia con extranjeros, en una sociedad sin inmigrantes existen cultural diferentes: la rural y la urbana, las culturas propias de cada clase social.

 

Vale la pena aclarar entonces que entendemos por cultura, y aunque al respecto hay mucho de lo echar mano, Geertz define la cultura como una trama de significaciones, que nos explican el mundo, nuestro lugar en el, y por tanto las formas de comportamiento, Plog y Bates señalan que cultura es "el sistema de creencias, valores, costumbres, conductas y artefactos compartidos, que los miembros de una sociedad usan en interacción entre ellos mismos y con su mundo, y que son transmitidos de generación en generación a través del aprendizaje". Es decir, la cultura no son sólo elementos simbólicos, tienen expresiones materiales en los comportamientos de las personas que participan en ella y son también alimentadas por factores físicos (como por ejemplo el clima)

 

Rizando el rizo, las posibilidades de encontrar diversidad de culturas es infinita, de hecho en intervención familiar se habla de culturas familiares: cada familia tiene sus propios mitos, su propia historia, sus prácticas y valores transmitida de generación en generación es decir, su propia cultura.

 

El quid del asunto está en que también se pueden encontrar infinitas similitudes, la diversidad no significa imposibilidad de comunicarse, de hecho todo lo contrario, nuestra posibilidad de comunicación se basa en que tenemos información distinta que traspasar. Esta posibilidad de comunicación se da entre las culturas más micro (entre familias, las familias con los colegios, por ejemplo) hasta la comunicación en las mayores condiciones de diversidad: aquí el mejor ejemplo es la existencia de una declaración universal de derechos humanos. Probablemente todos los países violan un par de ellos, o todos juntos, pero a todos les parece un ideario digno de perseguir: a pesar de las enormes diferencias hay un hito histórico de posibilidad de acuerdo que se ha encarnado aquí.

 

Aquí se basa nuestra ideología… vivimos en una sociedad pluricultural, porque vivimos personas en ellas de diferentes orígenes dado tanto por las migraciones internas como externas, conviven personas de distinto origen étnico, y de distintas clases sociales.

 

La alta complejidad dada por la pluticulturalidad de las sociedades en las que vivimos, añadidas a las propias de nuestra época nos plantean un importante desafío: el lograr una convivencia social pacífica entre las distintas culturas.

 

Un desafío nada fácil. Parte de las características de la cultura es que es invisible: la cultura es una cosmovisión que ordena nuestros pensamientos y acciones, pero es difícil que nosotros mismos seamos conscientes de ello; nos socializamos en una cultura asumiendo determinadas creencias, valores y comportamientos como normales y/o deseables. Por tanto cuando nos encontramos con personas que piensan y se comportan de manera distinta a la nuestra, es esperable que las consideremos ‘anormales’.

 

Una vez más, esto convierte al proyecto de convivencia multicultural en un desafío difícil pero posible: exige de nosotros como personas y como sociedad determinadas habilidades; el poder trascender nuestras propias barreras culturales para comprender las del otro. Las culturas no son estáticas, son proyectos inacabados y en constante cambio: tenemos la posibilidad entonces de enriquecer nuestros modelos culturales en la interacción con otros distintos.

 

Si bien las culturas siempre cambian, podemos dirigir esos cambios hacia lo que consideramos deseable. Sostenemos la deseabilidad de sociedades abiertas a la diferencia, capaces de dialogar con ella y asumir algunos de sus elementos,  que tiendan a la interculturalidad, entendida esta como la interacción y comunicación entre distintas realidades culturales. Por negación, lo que no queremos es un proyecto de sociedad basada en el miedo a los otros, en la segregación y la discriminación. Reconocemos que todos  los sujetos pertenecientes a una sociedad llevan en si inherente la posibilidad de aportar desde su propia visión de mundo elementos que enriquezcan al conjunto de la sociedad, y que por tanto es deber de la sociedad el motivar que todos sus integrantes participen en pie de igualdad en la construcción de una sociedad para todos, que integre y no excluya, que reconozca y dialogue con la diferencia, sin negarla ni pretender dominarla.

 
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